viernes, 11 de diciembre de 2015

Me acuerdo...


Joe Brainard fue un artista muy interesante y, como mucha gente interesante de su época, murió de SIDA. Quizá os hayáis olvidado, pero me acuerdo cuando el SIDA era una epidemia desconocida que aterrorizaba al mundo mientras había gente que se creía a salvo porque no eran yonkis ni homosexuales.
De toda su obra hoy vamos a pararnos en el rinconcito más famoso, su libro I remember, publicado en 1970, aunque a España llegó en 2009 (no dejéis de leer la reseña completa del Babelia a la que dirige este enlace y en la que se basa este ejercicio).
La traducción es "Me acuerdo". Éstos son unos ejemplos de Brainard:


Me acuerdo de esas veces en que no sabes si estás muy feliz o muy triste.
Me acuerdo de arrepentirme de no haber hecho cosas.
Me acuerdo de desear haber sabido antes lo que sé ahora.
Me acuerdo de las amapolas rojas silvestres de Italia.
Me acuerdo de los días lluviosos a través de la ventana.
Me acuerdo de la dulzura de Marilyn Monroe en 'Vidas rebeldes'.
Me acuerdo de los sonidos de las retransmisiones de béisbol que llegaban desde el garaje los sábados por la tarde.
Me acuerdo de los pueblos vacíos. De las lunas tintadas de verde. Y de los carteles de neón justo cuando se apagan.


Después, otros autores han utilizado la fórmula para escribir unas memorias. Las más famosas son las de Marcelo Mastroianni (Mi ricordo) y Georges Perec (Je me souviens). A continuación os copio unos ejemplos de nuestro querido Perec:


Me acuerdo de que el día después de la muerte de Gide, Mauriac recibió este telegrama: 'El infierno no existe. Suéltate el pelo. Stop. Gide'.
Me acuerdo de Mayo del 68.
Me acuerdo de que en septiembre en París, después de la guerra, había muchas más avispas que ahora.
Me acuerdo de que mi tío tenía un 11 CV con matrícula 7070 RL2.
Me acuerdo de 'De aquí a la eternidad'.


Al final de su libro, Perec deja unas hojas en blanco para que los lectores se animen y escriban sus "Me acuerdo". Yo os dejo en los comentarios todos los huecos que podáis rellenar y para los twiteros, podéis utiliar la etiqueta #meacuerdo:

(Julio de 2016. Acabo de ver esta entrada con el mismo esquema).

10 comentarios:

Toño dijo...

Me acuerdo del día que me subí a un campanario y me caí por la escalera de mano que llevaba arriba del todo. No fue una caída muy grave, pero no me podía mover. Aprendí lo que es una parálisis conversiva.
Me acuerdo del sabor de un polo que hacían y que decían que era de melon y a papaya. Tropic, se llamaba.
Me acuerdo de la cabaña que tenía mi abuelo en un extremo del huerto y de una tormenta infernal que nos pilló allí.
Me acuerdo de un tren que perdíamos y de cómo caminamos con aquella tormenta y de cómo un rayo me erizó todos los cabellos. Entonces no tuve miedo. Era en esa época en la que te creías inmortal.
Me acuerdo de la matrícula del coche de mi padre, aquel coche blanco que heredé, pero no me acuerdo de la matrícula de mi coche.
Me acuerdo del primer beso.
Me acuerdo de una vez que no me podía dormir porque pensaba que había un monstruo. Era en casa de mi abuela.

bragaomeano dijo...

Me acuerdo de cuando me sabía autoinmune al sida, porque ni era marica, ni yonqui, ni tenía edad para follar pagando. Lo de follar gratis, sólo lo lograba en sueños.Me acuerdo de aquel día, que después de currarme a una chica que veraneaba en Marchamalo ,durante meses, el día que por fin salgo con ella, la invito a los rejones en Las Ventas, me invita a cenar y cuando la acerco a su casa en mi super deportivo rojo, acerco sus labios a los míos y yo la despedí con dos besos en las mejillas, para que no me pegara el peazo constipado que ella llevaba.No me lo perdonó en la vida, la siguiente vez que la vi, que fue en la boda de mi mejor amigo en aquel entonces,estuvo tonteando todo el rato con mi hermano, mientras me miraba con desdén.Años después, mi abuelo me dio uno de los consejos que jamás olvidaré, nunca digas que no a una mujer.

Carlos Andrés dijo...

Excelente apunte! Saludos.

bragaomeano dijo...

Muchas gracias, en lo que a mí me toque.

Anónimo dijo...

Me acuerdo de un flotador amarillo, de su olor a goma mojada, de los bocadillos de foie gras, del chirriar de cadenas de un columpio, de los reflejos del sol en el agua, del temblor del trampolín después de un salto...
Me acuerdo del rastro de cloro en la piel, de las toallas húmedas, del puñado de cerezas, de aquellas latas azules de Nivea, de las tardes largas y el polo de limón...
Me acuerdo de las yemas arrugadas y blanquecinas, de las tardes largas de aquellos veranos...

Toño dijo...

Te recuerdo Amanda

Maria José dijo...

recuerdo a mi hermano enfadado furioso de repente estaba allí y debió correr mucho volar alguien le llamó yo estaba en la otra punta del parque nuevo ellos reían más grandes que yo él mayor que ellos seguían riendo pero menos si obedeces eres buena obedecer es bueno yo soy buena está furioso risas bájate las braguitas soy buena obedezco risas algo pasa pero no sé qué es más abajo hasta las rodillas él está allí me ha visto de lejos no no se lo han dicho alguien fue porque algo no estaba bien porque no todos reían está furioso cabrones insultos menos risas no veo nada miro al suelo tengo miedo algo va mal mi hermano me mira enfadado cabrones tiene tres años la vergüenza el miedo vuelan del tirón que me da mi hermano está furioso yo sabía que algo no iba bien pero soy buena obedezco si obedeces eres una niña buena él está enfadado solo recuerdo sus ojos las risas la verguenza pero no recuerdo qué hice mal nadie me lo explicó yo solo fui una niña buena

Rafael Martinez Sainero dijo...

Recuerdo haber leído un texto magistral. Recuerdo haberlo leído hace apenas un minuto, Creo recordar que está justo encima de este humilde comentario que nadie recordará.
Escribo para recordar, recuerdo para vivir.

Mi más sincera enhorabuena, María José...

Maria José dijo...

Yo sí lo recordaré, Rafael.
En esos momentos en los que tanto lo necesito, recordaré.
Gracias.



Mª José Olivares

Anónimo dijo...

Y el pulso entre el recuerdo y la experiencia me recuerda que no me acuerdo de nada, que todo lo invento. Que cuando recuerdo, traiciono, y olvido más que antes de traerlo a mi memoria desde mi olvido, donde flotaba relativamente intacto. Ahora soy yo poniéndome a mí sobre lo que creo recordar y destrozo.
Por eso no quiero recordarla.
Y muero sin ella.