martes, 6 de diciembre de 2016

Mi madre


Al poco de morir su madre, Richard Ford escribió un libro muy breve que se titula Mi madre. En las primeras páginas retrocede al instante en que su padre y su madre descubren que el compromiso que se contrae con un hijo es para siempre:


En una foto de otro tiempo aparecen Richard Ford, su padre que moriría bastante joven, y su madre, la mujer morena y guapa que vivía un poco más arriba y de la que él empezó a tener otra conciencia cuando oyó que una vecína decía eso de ella.


Para terminar y no es que sea un spoiler sin más, Richard Ford habla del amor que había entre él y su madre, el amor que lo hizo libre, el amor que lo explica todo y que no tiene más explicación:


El ejercicio que os planteo es que nos contéis sobre quién de vuestra familia os apetecería hacer este ejercicio en el que nos precede Richard Ford. Que nos contéis el argumento de vuestro proyecto.

Yo os puedo contar que hace tres años, cuando decidí cambiar de vida, pedí una excedencia y lo primero que hice fue ir con mi grabadora a entrevistar a mis dos abuelas e hice dos libritos del tamaño exacto del de Ford con la historia de sus vidas. Lo que quería era saber de dónde venía y la verdad es que algo aprendí. Otro día os lo cuento.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Feliz cumpleaños, señor Zweig


Hoy habría cumplido 135 años Stefan Zweig. Tal vez esta frase no suene extraña dentro de un siglo, pero hace un siglo sí que lo era, incluso muy extraña, porque la esperanza de vida estaba en torno a los cuarenta años.
Hace ciento treinta y cinco años nació el segundo hijo varón de una familia burguesa en la que el padre, un emprendedor, había montado un negocio textil que tenía su cuartel general en Viena, pero la fábrica en Moravia. El niño que nació, tenía su futuro económico asegurado, pero eso no fue suficiente, nunca es suficiente.
Hace cien años Stefan Zweig era un joven de 35 años, aunque entonces era ya un hombre maduro y ahora tal vez sería un "viejoven". Estaba justo en mitad de la primera guerra mundial, trabajando en el archivo de la guerra y asistiendo al derrumbamiento del mundo, de El mundo de ayer. Pero ese libro lo escribiría nada menos que veinticinco años después. En 1916 publicó Jeremías, una obra pacifista que sólo pudo representarse en la neutral Suiza.

El juego es que completéis la vida de Stefan Zweig contando lo que pasó hace x años o la vida de otro hace cien años o vuestra vida hace diez o los que sean.

Mañana es el cumpleaños de mi sobrino y yo ya tengo su regalo, pero ésa historia ya os la cuento otro día.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Hambre de poesía


En la Calle Justiniano de Madrid, los vecinos han organizado una exposición con frases del Quijote. De los balcones cuelgan banderas y mensajes. Ayer me fijé en el que podéis ver arriba. Lo leí y me sugirió el título de esta entrada. Hambre, sí, pero con poesía. Hambre de poesía.

Ayer también murió Marcos Ana. El otro día, en el viernes de los cuentos, versión corro y contamos todos, Blanca Calvo contó la historia de la primera mujer de Marcos Ana y del inmenso ramo de flores que le regaló.

Mañana o pasado volveré ha hacerme entera la calle Justiniano, que por cierto es muy pequeña y ¿qué pensáis? ¿qué tendré más o menos hambre?

(El ejercicio de hoy, como veis, es que a partir de la imagen o del título de la entrada escribáis lo que os dé la gana)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Mastropiero y la escritura regresiva


Mastropiero es una pizzeria argentina que hay en Malasaña. Bueno, son dos y en la imagen tenéis una de las direcciones. Todo lo que os voy a contar es que las pizzas están todas muy buenas, incluida la erótica que juraría que probé allí, aunque me puedo equivocar. Lo más importante es que cuando terminas te regalan una tarta de tamaño proporcional a la pizza y una cantidad de dulce de leche generalmente desproporcionada. Pero bueno, la cosa es que el otro día pasé por delante y estaba cerrada y se podía ver su preciosa decoración que tapa un corazón que habían antes (fijaos junto a la pierna de la chica. Lo buscaré que lo debo tener guardado). Además en las otras dos puertas había más:



Fijaos qué preciosidad.
Me interesa especialmente el último que es un ejemplo de lo que podríamos llamar escritura regresiva. Evidentemente, la denominación no se refiere a que nos lleve a fases arcaicas de nuestro desarrollo, ni al término grafológico que designa la escritura en la que las letras están acostadas hacia la izquierda y que se supone que denota introversión y falta de interés por el otro, sino a que no hace falta escribir añadiendo palabras para contar una historia. A veces se es más expresivo quitando letras o palabras, sobre todo si hablamos de la pérdida, que es un buen tema. El tema.

¿Alguien se atreve a escribir una historia regresiva retirando letras o palabras de una línea inicial?

En los comentarios os dejo espacio.

Os dejo espacio.

Os dejo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Qué lástima, recitado por León Felipe



Qué lástima que los poetas sean los primeros que tienen que emigrar cuando pensar es perseguido. Qué lastima que siempre sufran los daños de ir contracorriente, porque los bienpensantes nunca son ellos.
Qué lástima que no nos demos cuenta de que todos podemos escribir poesia, aunque hacerlo suponga un compromiso.

Este poema lo escribió León Felipe cuando trabajaba de boticario en Almonazid de Zorita, pueblo famoso también porque en él hubo una central nuclear, y es buenísimo, como la historia de León Felipe. Algunos datos:
  • Su verdadero nombre era Felipe Camino Galicia y el nombre de León Felipe lo utilizó por primera vez en Almonacid en 1919 al firmar la versión definitiva de Versos y oraciones de caminante.
  • Su padre le montó una farmacia en Santander pero León Felipe no la gestionó bien, se entrampó y huyó refugiandose en el oficio de actor ambulante.
  • Cuando lo detuvieron fue condenado a tres años de cárcel donde leyó el Quijote y empezó a escribir.
  • Trabajó en Guinea Ecuatorial donde denunció la corrupción y se tuvo que marchar aunque le reconocieron que era la primera persona decente que pasaba por allí.
  • Con el dinero se compró un billete de la peor categoría para México donde acabó trabajando como profesor.
Y luego regresaría a España y llegaría la guerra civil... Vamos, que si Hollywood se entera, tiene para un buen biopic o hasta para una trilogía.

Os dejo con el poema, con su voz es directa, clara, nada engolada, como si leyera en el siglo XXI este hombre casi del XIX, porque nació nada menos que en 1884.

El ejercicio es que os quejéis un poco empezando por: "Qué lástima..."

lunes, 17 de octubre de 2016

Día de las escritoras


Cualquier día es bueno para hacer una performance, aunque la hagas en el suelo de tu casa, aunque tus hijos piensen que su padre está de lo suyo.

Hoy se celebra el día de las escritoras y se me ha ocurrido coger los libros escritos por mujeres que tengo más a mano, es decir, más cerca de mi cama, y ponerlos juntos. Cuando he llegado a veinte he parado. Ésta es una de las historias que cuentan, pero seguro que vosotros tenéis la vuestra (os invito a contarla en los comentarios):

La familia Pérez es mi norte, pero no es todo cuanto amé, ni bajo los tilos, ni bajo mi noguera prestada que ya devolví. Estuve en Nueva York y regresé renunciando por el momento al viaje a Echo Springs. La renuncia me produjo estupor y temblores y los consecuentes estados carenciales, aunque lo peor fue llegar a esa estación llamada "La primera vez que no te quiero". El gran número de todos los números, el fin y principio de todas las cosas. El bosque de la noche alumbraba ojos que no me dejaban de mirar y no podía dormir. No se llamaba Carol y decía que no tenía miedo a volar, pero sí, todos tenemos. Los campos de la despedida llevan tiempo dando frutos, obras incompletas, como todas las obras, y el corazón es un cazador solitario que no se sacia ni en la crónica del desamor ni siendo un espía en la casa del amor. Y ésta es mi historia secreta, la de la casa del amor que con nubosidad variable escribe ahora un nuevo atlas de geografía humana.

Hoy doy las gracias a Christine Bell, a Siri Hustvedt, a Christa Wolf, a Olivia Laing, a Amélie Nothomb, a Ángela Vallvey, a Lola López Mondéjar, a Wislawa Szymborska, a Djuna Barnes, a Patricia Highsmith, a Erica Jong a Mar García Lozano, a Gloria Fuertes, a Carson McCullers, a Rosa Montero, a Anaïs Nin, a Donna Tart, a Carmen Martín Gaite, a Almudena Grandes y a todas las demás.

domingo, 16 de octubre de 2016

Rilke


No es un secreto que estoy escribiendo un libro sobre Stefan Zweig. Ahora mismo estoy en el París de principios del siglo XX en el que un buen día quedaron a comer Zweig, Balzaguette, Verhaeren y Rilke. Acabo de leer la pequeña obra que Zweig escribió con todo el cariño sobre Verhaeren, su maestro, que con la guerra tomó partido contra Alemania y se distanció de su discípulo con el agravante de que murió trágicamente y no pudieron reconciliarse como se debe. Pero antes estaba leyendo la correspondencia entre Rilke y Zweig que me regaló mi amigo Janko. Ahora estoy con la biografía de Rilke que publicó hace poco Mauricio Wiesental y leyendo a Rilke. Estoy fascinado. Un ejemplo: Cartas a un joven poeta en la que tutela los pasos literarios de un joven que acude a él. Escuchad lo que le dice el 17 de febrero de 1903:

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?” Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Si debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.


¿Y ahora qué?