viernes, 15 de diciembre de 2017

Marceline Desbordes-Valmore


La vida de Marceline Desbordes-Valmore es una vida excesiva llena de peripecias y de miserias, pero resulta que esta mujer escribía cosas así (en francés arriba y aquí abajo una traducción que aparece en esta página con otros poemas de la autora):

SEPARADOS

No me escribas. Estoy triste, desearía morirme.
Los veranos sin ti son como noche sombría.
He cerrado los brazos, que abrazarte no pueden,
invocar mi corazón, es invocar la tumba.
¡No me escribas!

No me escribas. Aprendamos únicamente a morir en nosotros.
Pregunta sólo a Dios…, sólo a ti mismo, ¡cómo te amaba!
Desde tu profunda ausencia, escuchar que me amas
es como oír el cielo sin poder alcanzarlo.
¡No me escribas!

No me escribas. Te temo y temo mis recuerdos;
han guardado tu voz, que me llama a menudo.
No muestres agua viva a quien beberla no puede.
Una caligrafía amada es un retrato vivo.
¡No me escribas!

No me escribas dulces mensajes: no me atrevo a leerlos:
parece que tu voz, en mi corazón, los vierte;
los veo brillar a través de tu sonrisa;
como si un beso, en mi corazón, los estampara.
¡No me escribas!


Stefan Zweig escribió una biografía de Marceline Desbordes-Valmore fascinado por esta poeta que era capaz de transmitir tanto con tan poco. Sus metáforas son simples, no sabe componer un soneto, pero lo que escribe es música y toca el sentimiento. Por eso la incluyó Verlaine en su obra Los poetas malditos, por eso Nietzsche tenía sus poemas y por eso influyó tanto en todos los románticos que habrían por venir, empezando por Arthur Rimbaud. No olvidemos que hablamos de los principios del siglo XIX y de una mujer que publicaba sus poemas, ¡una mujer! Los defensores del patriarcado de la época dijeron lo mismo que habrían dicho ahora, pero con mucha más crudeza: que su poesía era primitiva, que era una fresca por tener hijos con dos hombres, que elegía temas sin importancia como la maternidad o la feminidad. Pero el máximo logro de esta pionera es que, a pesar de todas las miserias que tuvo que pasar, se empeñó en dedicarse a la literatura y lo consiguió, aunque el precio fue vivir siempre en la pobreza.

Su osadía, pensar y encima escribirlo. No dejen de leer “Une lettre de femme”, un poema del que hay muchas traducciones en Internet y que para mí, empieza así: Las mujeres, yo lo sé, no deben escribir / por eso escribo”.

Así que nada, mezclando los dos poemas citados en este post, no escribáis en los comentarios, ¡Que no me entere yo!

lunes, 4 de diciembre de 2017

#Cuentobosque 2017


Lo de medir la vida en proyectos está bien si algunos de ellos llegan a algún sitio. El de #Cuentobosque ya ha alcanzado un hito interesante: se ha convertido en libro. Hace tiempo tuve la imprudencia de enunciar el proyecto y aunque todo ha ido muy lento hemos llegado aquí. Hoy acaba de llegar mi ejemplar impreso bajo demanda en los talleres de Amazon. Lo pedí hace días, fui el primero una vez que el libro estuvo disponible en la web, pero le ha llegado antes a mi amigo David que lo pidió después. Así es la vida. Sabía que llegaba hoy pero ya me había olvidado y cuando pasaba por la puerta de casa montado en el coche he visto al cartero llamando al timbre. He bajado la ventanilla y le he dicho: "Creo que tiene algo para mí" y ahí estaba. Tiene sus defectos, pero la pinta es muy muy buena. Lamento que el precio sea de 10€, pero es que fabricarlo, al tratarse de un libro en color, cuesta eso.



Me ha dado mucha alegría tenerlo entre las manos y si os animáis, espero que os guste. Para los muy tecnológicos, me comprometo a subir la versión Kindle en breve. Y como digo al final del libro, espero que os guste más que el árbol.

martes, 28 de noviembre de 2017

Stefan Zweig habría cumplido hoy 136 años



Parecen muchos años 136, pero no son tantos, son los que podría tener mi bisabuelo.

Como ayer fue el día del maestro, comparto con vosotros un fragmento de El mundo de ayer, autobiografía de Stefan Zweig publicada póstumamente el mismo año de su muerte, 1942 (Editorial Acantilado, traducción de A. Orzeszek y Joan Fontcuberta):


"Nuestros maestros tampoco tenían la culpa del desolador ambiente que reinaba en aquella casa. No eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección" -igual que nosotros a aprenderla- y que, eso sí que se veía claro, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba a todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aun al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre: según el método pedagógico al uso en aquel entonces, lo único de lo que se tenían que preocupar era del número de errores que había cometido "el alumno" en el último ejercicio. Ellos se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar; aparte de ésta, no existía entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. Que un maestro considerase al alumno como un individuo que exigía un trato específico, acorde con sus características personales, o que redactase, como se hace hoy en día, unos informes detallados sobre él, habría supuesto un trabajo muy superior a las atribuciones y capacidades de nuestros pedagogos; por otro lado, una conversación privada habría socavado su autoridad, pues con tal cosa habría colocado a los alumnos a su mismo nivel, que no en vano era "superior". A mi juicio, nada resulta más característico de la total falta de relación que, tanto en el terreno intelectual como en el anímico, existía entre nosotros y los maestros, como el hecho de que me he olvidado de los nombres y los rostros de todos ellos. Mi recuerdo guarda todavía, con una nitidez fotográfica, la imagen de la tarima y del diario de clase, al que siempre intentábamos echar una mirada con el rabillo del ojo porque en él constaban las notas; todavía veo aquel pequeño cuaderno rojo en que se inscribían nuestras calificaciones y el gastado lápiz negro que registraba las cifras; veo mis propios cuadernos, plagados de correcciones del maestro hechas con tinta roja, pero no veo ninguno de aquellos rostros... a lo mejor porque siempre permanecimos ante ellos con los ojos bajos o cerrados."


La escuela que le tocó a Stefan Zweig intentó convertirlo en un robot más, pero él se rebeló. Le parecía que ninguna de las materias tenía que ver con la vida, y los maestros, con los que no se podía hablar, intentaban hacerle sentir tonto. Llamaba a la escuela la “cárcel de nuestra infancia”. Cómo sería la cosa que esto es lo que le sucedió cuando una vez habló en el aula magna de una universidad. Estar en la tarima lo puso muy nervioso y en un principio no supo por qué. Después de pensarlo, la única explicación que encontró fue que las clases ex cátedra impartidas desde lo alto de la tarima, insolidarias, autoritarias, le generaban tal rechazo y lo había dejado marcado de tal modo que no soportaba ser precisamente él quien ocupara el puesto de adoctrinador. También pensó que eso le había generado cierto complejo de inferioridad, pero yo hablaría en este caso más bien de trauma, del trauma de cuando intentan aplastar tu infancia y tus deseos. Stefan Zweig señalaría años después que no era casual que Freud se hubiera dedicado a estudiar la génesis y las consecuencias de los complejos de inferioridad después de cursar secundaria dentro de un sistema no muy diferente del que lo mantuvo preso a él desde 1892 a 1900 en el Maximilian Gymnasium.

Ese era un tema que Stefan Zweig tenía muy presente. Por ejemplo, en 1932 le pidieron que pronunciara un discurso conmemorativo en su colegio y declinó la oferta. Sin embargo, escribió un poema para el libro de honor en el que decía nada menos: “Lo llamábamos “escuela” y queríamos decir aprendizaje, miedo, severidad, suplicio, coacción y cárcel”.

La dictadura paradójica del “tú aún no puedes comprenderlo” era la regla de oro, y quizá fue lo que convirtió a Stefan Zweig en alguien con una curiosidad insaciable.



El ejercicio de hoy es hablar de la escuela, de los maestros, de Stefan Zweig o de vuestro bisabuelo. Ya veis que yo he escrito de lo que he querido y no veo por qué vosotros no debéis hacer lo mismo.

¡Felices 136 años!

jueves, 23 de noviembre de 2017

10 años no es nada


El día 10 se cumplieron 10 años de este blog.

10 años en 10 palabras.
Me he quedado sin más palabras.
Os propongo contar 10 años en 10 palabras.
10 abrazos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La poesía, una definición de David Whyte



Aún no sé si David Whyte me gusta o me cansa por lo que me huele a gurú, pero me interesa.
Estoy de acuerdo con eso que dice de que nos van a romper el corazón. Nos lo van a romper, pero solo los que nos importan.
No podemos hacer otra cosa, estamos en guerra con la realidad y en las guerras siempre se sale herido.

Os traduzco el primer poema que aparece en su web


THE LIGHTEST TOUCH

Good poetry begins with
the lightest touch,
a breeze arriving from nowhere,
a whispered healing arrival,
a word in your ear,
a settling into things,
then like a hand in the dark
it arrests your whole body,
steeling you for revelation.

In the silence that follows
a great line
you can feel Lazarus
deep inside
even the laziest, most deathly afraid
part of you,
lift up his hands and walk toward the light.



UN LEVÍSIMO ROCE

La buena poesía empieza con 
un levísimo roce,
una brisa que llega de ninguna parte,
un suspiro sanador,
una palabra en el oído,
un decantarse en las cosas,
entonces como una mano en la oscuridad
detiene todo tu cuerpo,
que se tensa para la revelación.

En el silencio que sigue
a un buen verso
puedes sentir a Lázaro
en lo más profundo de ti
incluso la más perezosa, la más mortalmente asustada
parte de ti,
levanta sus manos y camina hacia la luz



Esta es la definición de poesía que nos da Whyte, pero seguro que me gustan más las vuestras. Tenéis hueco en los comentarios.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Juan Rulfo


Si tenéis tiempo y ganas os pediría que escuchaseis esta entrevista y escribierais una biografía de Juan Rulfo en cinco líneas y en primera persona. Algo así como: "Me llamo Juan Rulfo y de joven tenía cierto atractivo que de mayor se transformó en..."

lunes, 16 de octubre de 2017

Curso de microrrelatos con Augusto Monterroso III



La tela de Penélope o quién engaña a quién


Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.




Este microrrelato de Augusto Monterroso es una versión micro de la Odisea. La ilustración de arriba, también, aunque a su vez es una versión casi calcada de la que aparece en una vasija que se custodia en el museo de Chiusi, cerca de Siena, y que representa a Penélope y a su hijo Telémaco junto al famoso telar:




El otro día, Mi amigo Javier me regaló una versión reducida de la Odisea, que según me dijo, había disfrutado mucho más que la original y que yo de momento tengo junto a mi cama y leo a pequeños sorbos.

El ejercicio de hoy no consiste en que escribáis una versión totalmente nueva como la que hizo Margaret Atwood, sino en que elijáis un trozo de la Odisea o de la Iliada, hagáis una versión micro y la compartáis en los comentarios.