lunes, 24 de agosto de 2015

Por eso escribo



Los motivos son muy importantes y yo os voy a contar por qué escribo.

Me lo pienso y os lo cuelgo aquí:

Septiembre de 2015: digamos que escribo porque me hace sentir vivo todo el proceso de leer, anotar ideas sueltas, mirar, preguntar, hablar, vivir, amar, sufrir, encerrarme solo en algún recoveco de la vida y contarlo.






Os dejo vuestro hueco también en los comentarios.
Si no se os ocurre nada, escuchad el vídeo de mentenguerra otra vez.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo escribo por intuición, para ser un poco más yo, y conocerme con mis propios ojos ante un espejo de gran profundidad.
Yo escribo buscándome, aunque con ello, influya poco en la historia que me ha tocado.
Yo escribo para sentir la vida real, para luchando contra la indiferencia y las vanidades que nos envuelve, para resucitar mi imaginación.
jemart

Anónimo dijo...

Para resucitar escribo.
Para volver.
Para seguir aquí. Resucitar.
Escribo para perdonar, y poder vivir.
Para resucitar.
Para resucitar escribo.

bragaomeano dijo...

Yo escribo, para combatir mi soledad.

bragaomeano dijo...

Yo escribo, para combatir mi soledad.

Maria José dijo...

Hubo un tiempo
-tiempo de relojes pintados en la muñeca, de ropa de domingo-
en el que escribir era sumar y dividir.
Y yo saltaba gozosa sobre mis terminaciones en “ón”.

Hubo un tiempo
-el de las bibliotecas, ese tiempo medido por quincenas-
en el que escribir era copiar y memorizar.
Y yo escribía desordenando mis versos para que encajaran en mi vida.

Hubo un tiempo
-el de cine con beso y coca-cola, de tardes en el banco más oculto-
en el que escribir era callar y gritar al mismo tiempo.
Y yo escribía, en agujas de espino, poemas infinitos.

Hubo un tiempo
- ese de la madurez con calma chicha-
en el que escribir y leer eran mi ropa de diario, mis zapatillas viejas.
Y yo me escondía en un jardín de poemas creados por mí.

Y ahora,
-que ya no recito a Bécquer, ni beso con la luz apagada, ni recorto los setos de palabras rebeldes-
ahora, en este Tiempo, escribo por ti Amor, para que me ayudes a saber quién soy.

Por eso escribo.





Mª José Olivares

Anónimo dijo...

Trato de escribir condimentado un buen plato de palabras. Pienso, luego escribo. Siento, luego escribo. Hablo, luego escribo. Le pongo ganas, intención y sentimiento. Como en la mili, todo al servicio del papel y el bolígrafo, vanos elementos físicos. Escribo aunque no tenga utilidad, aunque no sepa para qué. Procuro que no me distraigan las cosas inmediatas del día a día, las mismas que hurtan y asaltan mi vida. Busco en mi interior situaciones soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, colocadas a lo loco, a bote pronto. También necesito cierto orden mental y físico: expectante y sólo con el papel y el bolígrafo, toreando esta chiflada faena, como un trapecista ante un salto mortal. Tiempo y ganas de contar algo, tiempo para mirarme. Todo vale si se siente honesto, quizás lo más difícil. También soy un chupóptero recolector de ideas de los demás. Y las palabras son importantes, sean: soñadas, pensadas, meditadas, inventadas, sacadas del manicomio. Las junto, no sé cómo, pero a veces me gustan.
jemart