sábado, 1 de noviembre de 2014

Curso de relatos con Quim Monzó IV


El relato que os traigo hoy se titula "La fe". No os cuento más:

-Quizá es que no me quieres.

-Te quiero.
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sé. Lo siento. Lo noto.
-¿Cómo puedes estar tan seguro de que lo que notas es que me quieres y no otra cosa?
-Te quiero porque eres diferente a todas las mujeres que he conocido en mi vida. Te quiero como nunca he querido a nadie, y como nunca podré querer. Te quiero más que a mí mismo. Por ti daría mi vida, me dejaría despellejar vivo, permitiría que jugasen con mis ojos como si fuesen canicas. Que me tirasen a un mar de salfumán. Te quiero. Quiero cada pliegue de tu cuerpo. Me basta mirarte a los ojos para ser feliz. En tus pupilas me veo yo, pequeñito.
Ella mueve la cabeza inquieta.
-¿Lo dices de verdad? Oh, Raül, si supiese que me quieres de veras, que te puedo creer, que no te engañas sin saberlo y por lo tanto me engañas a mí... ¿De verdad me quieres?
-Sí. Te quiero como nadie ha sido capaz de querer nunca. Te querría aunque me rechazaras, aunque no quisieras ni verme. Te querría en silencio, a escondidas. Esperaría que salieses del trabajo nada más que para verte de lejos. ¿Cómo es posible que dudes de que te quiero?
-¿Cómo quieres que no dude? ¿Qué prueba tengo, real, de que me quieres? Tú dices que me quieres, sí. Pero son palabras, y las palabras son convenciones. Yo sé que te quiero mucho. Pero ¿cómo puedo tener la certeza de que tú me quieres a mí?
-Mirándome a los ojos. ¿No eres capaz de leer en ellos que te quiero de verdad? Mírame a los ojos. ¿Crees que podrían engañarte? Me decepcionas.
-¿Te decepciono? No será mucho lo que me quieres si te decepcionas por tan poco. ¿Y todavía me preguntas por qué dudo de tu amor?
El hombre la mira a los ojos y le coge las manos.
-Te quiero. ¿Me oyes bien? Te q u i e r o.
-Oh, «te quiero», «te quiero»... Es muy fácil decir «te quiero».
-¿Qué quieres que haga? ¿Que me mate para demostrártelo?
-No seas melodramático. No me gusta nada ese tono. Pierdes la paciencia enseguida. Si me quisieras de verdad no la perderías tan fácilmente.
-Yo no pierdo nada. Sólo te pregunto una cosa: ¿qué te demostraría que te quiero?
-No soy yo la que tiene que decirlo. Tiene que salir de ti. Las cosas no son tan fáciles como parecen. -Hace una pausa. Contempla a Raül y suspira-. Quizá sí tendría que creerte.
-¡Pues claro que tienes que creerme!
-Pero ¿por qué? ¿Qué me asegura que no me engañas o, incluso, que tú mismo estás convencido de que me quieres pero en el fondo del fondo, sin tú saberlo, no me quieres de verdad? Bien puede ser que te equivoques. No creo que obres de mala fe. Creo que cuando dices que me quieres es porque lo crees. Pero ¿y si te equivocas? ¿Y si lo que sientes por mí no es amor sino afecto, o algo parecido? ¿Cómo sabes que es amor de verdad?
-Me aturdes.
-Perdona.
-Yo lo único que sé es que te quiero y tú me desconciertas con preguntas. Me hartas.
-Quizá es que no me quieres.



El ejercicio de hoy se titulará: "¿Me quieres?" o "¿Me crees?" y tendrá que tratar, inevitablemente, de las profecías que incluyen nuestras palabras y de lo que ocurre cuando se cumplen, cuando no y cuando no se sabe lo que va a pasar.

9 comentarios:

Helena Álvarez dijo...

Le pregunté "¿Me quieres?" y él no respondió, porque iba a hacerlo, era una pregunta innecesaria si pensabas en todo lo que ya habíamos pasado.
Por desgracia yo no lo vi, tomé su silencio como el frío invierno y me marche de su lado. Siempre había pensado que no me quería, era más sencillo de entender, al fin y al cabo yo no valía nada.
Me volví para encarar lo por última vez, solo para ver sus ojos arder en el infierno "¿Todavía no lo has entendido? Las palabras no llegan a expresar lo que yo siento." En aquel momento lo creí, durante un tiempo no necesite nada más que aquello, pero al final a las palabras se las lleva el viento.

Anónimo dijo...

Sabes que te quiero?
Y yo lo sé...lo creo y no es fe ciega.
Joder!!! si es que te quiero...
Y yo lo siento, porque el amor tiene su casa en los pequeños detalles y las palabras son solo la puerta.
Me lo dice la cadencia de tu voz,
la angustia de tus ojos.
Y porque yo también te quiero los míos se arrasan en lagrimas.
Cuanta tristeza pueden encerrar dos palabras, que a la vez son promesa, cuando las sigue un pero...
Te quiero incluso desde antes de saberlo.
Y todo sería mas fácil si no tuviera la certeza del te quiero, porque un te quiero con peros nunca es suficiente, y sin embargo no te deja libre.
También la quiero a ella...y yo entiendo.
Y me siento la X de la ecuación,
el te quiero a despejar...
Pero el amor nunca es como las matemáticas.

Mª José dijo...

Ni me quieres ni te quiero.
Hagamos como que sí y nuestro amor será eterno.

María José Olivares

Rafael Martinez Sainero dijo...

Mientras se me ocurre algún mini cuento sobre el tema propuesto, solo quiero felicitar a María José Olivares por el antológico microrrelato de aquí arriba, que retrata de manera magistral la realidad del 99% de las relaciones de pareja. Enhorabuena.
Fdo: Soy-Muy-Fan (admirador chino)

Rafael Martinez Sainero dijo...

Ana

Randolf Keklex no dejó de llorar por la pérdida de su primer amor, Anita, ni siquiera cuando besaba y hacía el amor con infinidad de mujeres a las que, en el fondo, despreciaba.
Era un perfecto seductor; se sabía atractivo, brillante, ingenioso... Todo lo que hacía parecía tocado por la varita mágica de la fortuna.
Pero no tenía a Ana.
Acumuló éxitos profesionales, tuvo a las mejores amantes, pero se negaba a amar a otra mujer que no fuera Ana. Se lo tomó como algo personal; dejó pasar de largo, a dosis parejas, maravillosas personas y oportunidades únicas de encontrar la felicidad.
Porque solo quería encontrar a Ana.
Y la encontró, un día de otoño, una casualidad, unos cafés...
Y no paró hasta seducirla de nuevo y así, Ana, la única mujer que hasta entonces le había rechazado, se entregó a él con la pasión que en un principio le había negado.
Debería suponerse, visto lo visto, leído lo leído, que Randolf Keklex tenía al fin todo lo que deseaba. Y, sin embargo, lo que son las cosas, no era así.
Aquella Ana tan entregada, tan dócil, tan cariñosa, se parecía demasiado a las mujeres que Keklex despreciaba, a esas víctimas fáciles que caían prendidas a sus pies y a otros apéndices corporales suyos igualmente hiperdesarrollados.
Había estado enamorado de un recuerdo, de una Ana indómita, de la única mujer que había osado decirle que, en el fondo, era un idiota integral.
Esta vez fue Randolf Keklex quien dejó a Ana.
¿Buscaba el amor perdido o solo buscaba venganza para su ego herido? ¿Tal vez solo buscaba seguir teniendo que buscar? ¿Será cierto lo que decía el poeta? ¿Que no hay nada más amado que lo que nunca se ha tenido? ¿Que no hay nada más querido que lo se perdió?
Ya lo dijo Tácito, o Justus Lipsius, no recuerdo bien:
"Si tienes vocación de gilipollas, tarde o temprano acabarás haciendo una gilipollez".

BRAGAOMEANO dijo...

Es más fácil vivir con la definición de María José, que seguir a Randolf, aunque en el fondo, los machos alfa le envidiamos y seguro que el señor Keklex, envidia al hombre que es capaz de enamorarse de una sola mujer y compartir con ella su vida hasta el fin de sus días.
A mi me pasa, es un martirio ser Libra y enamorarte a cada instante de cada mujer que se cruza en el camino de tus ojos.

Anónimo dijo...

Leyendo el relato de Quim Monzó me ha venido a la memoria una escena de la película "Charada". Os la recomiendo.

Mª José dijo...

-¿Me quieres?
-Adoro lo que escribes.
-Evitas mi pregunta.
-No.




María José Olivares

Anónimo dijo...

-¿Me quieres?
-No miento, si no tuvieras dinero, te querría igual.
-¿Me quieres?
-Desde el principio de los tiempos, desde que nací, nací para ello.
-¿Me quieres?
-Aunque fueras un ogro, te querría igual.
-¿Me quieres?
- Y siempre estaré a tu lado.
-¿Me quieres?
-Siempre te seré fiel.
-¿Me quieres?
-Siempre estarás tú primero, y yo después.
-¿Me quieres?
Nunca te abandonaré.
(Coinciden con las instrucciones para ascender en política, ver comentarios de la propuesta anterior)
El amor y la política: ¿serán parecidos?
jemart