martes, 11 de mayo de 2010

Elogio de la lentitud

No os voy a descubrir América con esto del Movimiento Slow, pero bueno, nunca está de más poner unos cuantos enlaces como los que tiene esta entrada del blog de Andrés Schuschny y por ejemplo invitaros a dar un paseito por El rincón lento en la misma Guadalajara.

Dentro del texto de Carl Honoré Elogio de la lentitud se dicen cosas así:

"Vivimos en la era de la velocidad. El mundo que nos rodea se mueve con mas rapidez de lo que jamas lo habia hecho. Nos esforzamos por ser mas eficientes, por hacer mas cosas por minuto, por hora, cada día. Desde que la revolucion industrial hizo avanzar al mundo, el culto a la velocidad nos ha empujado hasta el punto de ruptura. Vivimos al borde de la extenuacion, y tanto el cuerpo como la mente nos recuerdan constantemente que el ritmo de la vida gira vertiginoso, descontrolado."

Y se llega a estas sesgadas definiciones:

“Rápido equivale a atareado, controlador, agresivo, apresurado, analítico, estresado, superficial, impaciente e hiperactivo; es decir, la cantidad prima sobre la calidad."

"Lento es lo contrario: sereno, cuidadoso, receptivo, silencioso, intuitivo, pausado, paciente y reflexivo; en este caso, la calidad prima sobre la cantidad."

Con todo esto en la cabeza, el ejercicio de hoy consiste en escribir un texto de forma libre titulado "Deprisa/despacio".

7 comentarios:

Anónimo dijo...

0. Vísteme despacio que no hay prisa.
1. Me regalaron un método de lectura rápida y me sirvió de mucho: si algo merece la pena leeres, merece la pena leerlo despacio.
2. Me gusta leer periódicos atrasados. Es más fácil ver qué es importante.
3. ¡Preparados! ¡Listos! ¡Ya! Y salgo corriendo. Siempre me pasa. Al día siguiente el dolor de piernas hace que me pregunte por qué lo he hecho, pero entonces alguien vuelve a decir ¡Preparados! ¡Listos! ¡Ya! y me olvido.
4. Desnúdame despacio que no hay prisa.

BRAGAOMEANO dijo...

Desnudame despacio que no hay prisa, que ya se ocupa el orgasmo
de que me vaya muy rapido.
Me gustaría ser lento, me gustaría tomarme la vida como un funcionario tipico con sus trienios, pero soy atunomo y si no corro no tengo tiempo para disfrutar despacio de las cosas buenas que tiene la vida.

Jesús Rocha dijo...

La lentitud se empieza a apreciar con los años. En la juventud es fácil caer en la tentación de la velocidad, de querer llegar a todo, a todas partes, de no perderse nada. Con los años y la experiencia, empiezas a distinguir lo realmente importante, de lo urgente; y desechar lo accesorio e inútil. De planificar con mesura, evitando los imprevistos estresantes. Se nota en los ancianos, que al acercarse la muerte, valoran más la importancia de las relaciones humanas en sus vidas: los sentimientos, las sensaciones simples, las amistades pausadas y reflexivas, no les importa tanto repetirse si están a gusto. Otro hecho importante, es aprender a utilizar la soledad, poniéndola a nuestro favor. La soledad puede ser una cruz o un bello camino, pero hay que saber convivir con ella y sacarle provecho.

Jesús Rocha dijo...

Se acabó el tiempo de las borracheras del consumo,
generadoras de toneladas de basuras.
Se acabaron los crecimientos infinitos, sin límites, sin fronteras.
Se acabaron los sueños producidos por anuncios,
los machacones anuncios impuestos por avaros productores y constructores.
Es tiempo de volver a pensar, de preveer, de mirar al mundo real.
¿Qué queremos para nosotros y para nuestros hijos?

David Ruiz dijo...

SLOW MOTION

En 1996 empecé a cursar el primer año de la ingeniería. Turno de tarde. Allí me encontré de bruces con la cosa más aburrida que jamás haya sufrido, dos horas diarias de cálculo infinitesimal. Era como estar en una clase de chino mandarín avanzado en la que los conceptos te azotaban los oídos sin piedad y sin sentido. Miraba el reloj, las 17:05. Lo volvía a mirar, las 17:07. Lo miraba otra vez, las 17:10. Y cada vez que X tendía a infinito podía ver con mis propios ojos ese infinito viscoso extendiéndose a mis pies. Gracias al cálculo infinitesimal decidí librarme de los relojes de por vida, solo los consulto cuando tengo una cita.

Sin embargo a los que me preguntan el por qué de no llevar reloj intento convencerles de lo que ya Einstein en su día denominó Teoría de la Relatividad. El tiempo es una dimensión que no existe. Y los relojes no miden una mierda. Yo al menos no puedo tomarme en serio el tiempo cuando, en una sala puede haber mínimo cinco relojes y cada uno marca una hora diferente. Porque un metro, un litro, un kilo, son lo que son aquí y en Marte, pero un segundo no. Así que el tiempo es relativo, pero sobre todo inútil (o mejor dicho, en consecuencia inútil). Porque ¿qué diferencia práctica existe entre las 12:00 y las 12:30? ¿entre trabajar ocho horas diarias o trabajar siete y media? ¿entre los treinta y los treinta y dos años? Existe una diferencia física o biológica pero seguiría existiendo aunque no se midiera según una escala temporal.

Así que ¿para qué sirve un reloj? Supongo que para alguien que considere su tiempo algo valioso es un gran instrumento de riqueza. Para alguien con una agenda muy apretada es un punto de referencia. Para mí no es más que una adicción del pasado sin la que vivo muy feliz. El grupo de Tempohólicos Anónimos se reúne en el Centro Social de Tendilla los martes y los jueves en estricto horario de 18:00 a 19:30 horas. Mi nombre es David y llevo ya seis años sin usar un reloj.

Ahora voy a por ti teléfono móvil.

BRAGAOMEANO dijo...

Otan no bases fuera,
yankees go home.
Llamo el afroamericano Obama
a Zapatero y le dijo :
Tocamela con la mano.
Zapatero bajo entonces
un cinco por ciento el sueldo
de los funcionarios.
Por las calles se vio a los ricos
gritando :¡ God save the Usa !.
Mientras los sindicatos seguian durmiendo, cuando se despertarón,
el Fmi seguía alli, pero ellos se volvierón a dormir, elogiando a la lentitud del español medio.

De J. para M. dijo...

"Lento recalcitrante"

Me reprochas que soy lento,
dices que fui lento ayer,
hoy también,
olvidándote.

Ay, niña mía,
si tú supieras,
cuánto me cuesta avanzar
por esta aciaga senda
que me marcaste.

Te quejas con razón,
me hago el remolón
para que tu amor
de nuevo me dé alcance.

Por eso soy lento, sí;
seré jodidamente lento
sólo en este asunto,
en el de olvidarte.