domingo, 13 de enero de 2019

Trece maneras de mirar un mirlo




La verdad es compleja. La simpleza nos engaña con facilidad, pero más bien pronto que tarde miramos detrás y descubrimos que no se sostiene.



Si te quiero contar lo que es un mirlo, puedo decirte que es un pájaro negro al que escucho cantar siempre, que más que por el cielo me lo imagino por el suelo haciendo cucús desde un arbusto.

Wallace Stevens, casi el único poeta tardío según Harold Bloom, escribió un poema llamado "Trece maneras de mirar un mirlo". Podían ser siete, trece o mil. Aquí os lo dejo con la invitación de que escribáis otras en los comentarios.



I
Entre veinte montañas de nieve,
La única cosa que se movía
Era el ojo del mirlo.


II
Yo era el de los tres sentires,
Como un árbol
Que contiene tres mirlos.


III
El mirlo giraba en los vientos de otoño.
Una parte pequeña de la comedia.


IV
Un hombre y una mujer
Son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
Son uno.


V
No sé qué preferir,
La belleza de los acentos
O la belleza de las insinuaciones,
El mirlo silbando
O el instante después.

VI
El hielo ocupó la gran ventana
Con su vidrio bárbaro.
La sombra del mirlo
Lo atravesaba, una y otra vez.
El ánimo
Trazaba en la sombra
Una razón indescifrable. 

VII
Oh, pobres hombres de Haddam,
¿Por qué imaginan pájaros dorados?
¿No ven cómo el mirlo
Vaga entre los pies
De sus mujeres?


VIII
Conozco tonos ilustres
Y ritmos lúcidos, ineludibles;
Pero conozco, también,
Que el mirlo pertenece
A lo que conozco.


IX
Cuando el mirlo se apartó de la vista,
Señaló el margen
De uno de los tantos círculos.


X
Ante la imagen de los mirlos
Volando en una luz verde,
Aun las madamas de la armonía
Gritarían agudamente.

XI
Él viajaba por Connecticut
En un coche de vidrio.
Una vez, el miedo lo atravesó,
Por confundir
La sombra de su equipaje
Con los mirlos.


XII
El río se estremece.
El mirlo estará volando.


XIII
Fue de noche toda la tarde.
Nevaba,
Iba a seguir nevando.
El mirlo se posó
En el cedro, en lo más alto.

 Versión de Yanina Audisio. Aquí está el original. 
(Esta entrada se publicó el 13 de enero de 2019, a las 13:13, hora de Europa Central)

miércoles, 26 de diciembre de 2018

15 años sin Bolaño


Mi historia de Bolaño empieza en 2001. Creo que saqué de la biblioteca Los detectives salvajes y me encantó. El problema es que me lo bebí demasiado rápido, como me pasó con Cien años de soledad, pero al menos ya no era un crío. Había empezado el libro y me lo llevé a una de mis últimas guardias en el Hospital de Móstoles. Imaginad con qué ganas me encerraba yo en un hospital con mi hijo recién nacido en casa. Eran los tiempos locos en los que nacía tu hijo y tenías que volver a trabajar a los dos días. El caso es que me aquella tarde me enganché al libro y no me pude soltar. Recuerdo que lo poco que dormí fue al principio de la noche, pero luego no pararon de llamarme para ver urgencias que no lo eran tanto y me desvelé. Creo que terminé el libro y cuando salí la resaca era horrible, más por no dormir que por Los detectives salvajes, aunque no estoy seguro. Estaba claro que aquel trabajo no era para mí y por eso dejé de hacer guardias.

Desde entonces leí todo lo que pude de Roberto Bolaño y quedé fascinado por su peripecia vital. Tengo muchas cosas pendientes que leer, entre ellas 2666, pero no me atrevo a empezarlo aún. Me resulta curioso que Bolaño lo dejara como regalo póstumo con el plan de publicarlo en cinco entregas para intentar asegurar a su familia unos beneficios. No obstante, ellos decidieron publicarlo entero.

La verdad es que no sé qué homenaje hacerle a Bolaño este año que se han cumplido 15 años de su muerte aparte de hablar de él. Bueno, una cosa que puedo hacer es publicar esta entrada el 26 de diciembre a las 6:06. Es una tontería, pero es una hora buena para pedir que el que quiera hable de algún libro que tenga pendiente de leer.

lunes, 3 de diciembre de 2018

¿Qué hacer con un blog?


¿El ciclo de un blog es el mismo que el del amor?

Hoy diría que todos los ciclos son circulares, como debe ser el del tiempo, sólo que en muchas ocasiones nuestra vista no llega a verlo así por falta de perspectiva o, más comúnmente, por falta de tiempo.


(El blog se vuelve a abrir a los comentarios tras algunos problemas técnicos, pero sólo publicaré lo que me guste.)

lunes, 15 de octubre de 2018

La sed




La sed es lo que nos mueve, también hoy en el Día de las Escritoras. El Libro de Paula Bonet nos habla de todas esas escritoras suicidas y no suicidas que no quisieron ser normales. De todas las escritoras que sintieron Una espina en la carne e intentaron arrancársela.

Cuando hablo de deseo y de sed me acuerdo de esta canción. La sed es lo que nos mueve y para empezar os recomiendo que sigáis a Paula Bonet y a su sed. Después ya veremos...

lunes, 1 de octubre de 2018

El paraíso es una biblioteca


Curioso libro-paraíso.
¿Queréis añadir alguna cita a estas?
Vuestras respuestas no se publicarán inmediatamente, porque he tenido un problema extraño de spam con los comentarios y ahora llegarán a mi correo para que las modere.






lunes, 17 de septiembre de 2018

Variaciones Goldberg


Daremos el espectáculo en Arriversos 2018 con nuestro libro y las historias y la música que contiene:


domingo, 2 de septiembre de 2018

El hombre rebelde

Resultado de imagen de el hombre rebelde

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes toda su vida, de pronto juzga inaceptable un nuevo mandato. ¿Cuál es el contenido de este «no»? 

Significa, por ejemplo, «las cosas han durado demasiado», «hasta aquí bueno, más allá no», «vais demasiado lejos», y también, «hay un límite que no franquearéis». En resumen, este no afirma la existencia de una frontera. Se halla la misma idea de límite en ese sentimiento del hombre en rebeldía de que el otro «exagera», de que extiende su derecho más allá de una frontera a partir de la cual otro derecho le planta cara y lo limita. Así, el movimiento de rebeldía se apoya, al mismo tiempo, en la negación categórica de una intrusión juzgada intolerable y en la certeza confusa de un derecho justo, más exactamente en la impresión en el hombre en rebeldía de que tiene «derecho a…». La rebeldía no renuncia a la sensación de que uno mismo, de cierta manera, tiene razón. En este sentido, el esclavo en rebeldía dice a un tiempo sí y no. Afirma, a la vez que la frontera, todo lo que sospecha y quiere preservar más acá de la frontera. Demuestra, con obstinación, que hay en él algo que «merece la pena de…», que exige que se tenga cuidado con ello. En cierta manera, opone al orden que lo oprime una especie de derecho a no ser oprimido más allá de lo que puede admitir. 


Al mismo tiempo que la repulsión respecto del intruso, hay en toda rebeldía una adhesión entera e instantánea del hombre a cierta parte de sí mismo. Hace intervenir, pues, implícitamente un juicio de valor, y tan poco gratuito, que lo mantiene en medio de los peligros. Hasta entonces, callaba al menos, abandonado a esa desesperación en la que una condición, aunque se juzgue injusta, es aceptada. Callar es dejar creer que no se juzga nada, y, en ciertos casos, no desear efectivamente nada. La desesperación, lo mismo que el absurdo, lo juzga y lo desea todo, en general, y nada, en particular. El silencio la traduce bien. Pero a partir del momento en que habla, aun diciendo no, desea y juzga. El hombre en rebeldía, en el sentido etimológico, se vuelve. Caminaba bajo el azote del amo. Ahora planta cara. Opone lo que es preferible a lo que no lo es. Todo valor no conduce a la rebeldía, pero todo movimiento de rebeldía invoca tácitamente un valor. 


¿Se trata al menos de un valor? Por confusamente que sea, nace una toma de conciencia del movimiento de rebeldía: la percepción, súbitamente patente, de que hay en el hombre algo con lo que puede identificarse, aunque sea sólo por un tiempo. Esta identificación no era realmente sentida hasta ahora. El esclavo sufría todas las exacciones anteriores al movimiento de insurrección. Incluso, había recibido con frecuencia sin reaccionar órdenes más indignantes que la que provoca su rechazo. Se mostraba paciente, rechazándolas quizás en sí mismo, pero, dado que callaba, más cuidadoso de su interés inmediato que consciente aún de su derecho. Con la pérdida de la paciencia, con la impaciencia, empieza por el contrario un movimiento que puede extenderse a todo lo que antes se aceptaba. Este impulso es casi siempre retroactivo. El esclavo, en el momento en que rechaza la orden humillante de su superior, rechaza al mismo tiempo el estado de esclavo. El movimiento de rebeldía lo lleva más lejos de lo que estaba en el simple rechazo. Supera hasta el límite que fijaba a su adversario, exigiendo ser tratado ahora como su igual. Lo que al principio era una resistencia irreductible del hombre se convierte en el hombre entero, que se identifica con ella y en ella se resume. Esta parte de sí mismo que quería hacer respetar la sitúa entonces por encima del resto y la proclama preferible a todo, incluso a la vida. Se convierte para él en el bien supremo. Instalado antes en un compromiso, el esclavo se lanza de golpe («ya que es así…») al Todo o Nada. La conciencia nace a la luz con la rebeldía. 


(Así empieza el libro de Camus. Hoy no hay ejercicio. Los comentarios están cerrados)