domingo, 16 de octubre de 2016

Rilke


No es un secreto que estoy escribiendo un libro sobre Stefan Zweig. Ahora mismo estoy en el París de principios del siglo XX en el que un buen día quedaron a comer Zweig, Balzaguette, Verhaeren y Rilke. Acabo de leer la pequeña obra que Zweig escribió con todo el cariño sobre Verhaeren, su maestro, que con la guerra tomó partido contra Alemania y se distanció de su discípulo con el agravante de que murió trágicamente y no pudieron reconciliarse como se debe. Pero antes estaba leyendo la correspondencia entre Rilke y Zweig que me regaló mi amigo Janko. Ahora estoy con la biografía de Rilke que publicó hace poco Mauricio Wiesental y leyendo a Rilke. Estoy fascinado. Un ejemplo: Cartas a un joven poeta en la que tutela los pasos literarios de un joven que acude a él. Escuchad lo que le dice el 17 de febrero de 1903:

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?” Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Si debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.


¿Y ahora qué?

miércoles, 5 de octubre de 2016

Dodecálogo de deberes del periodista


En la exposición de Cela que os conté había muchas cosas muy interesantes. Una de ellas eran los paneles dedicados al Cela periodista, parte nunca desligable del todo. Por elegir algo, aquí tenéis su dodecálogo del periodista. Este dodecálogo o cualquier otro sobre ética periodística se me hacen ahora imprescindibles, en estos tiempos de medios de comunicación partidistas y con muchos intereses que defender. Sólo leerlos es una experiencia potente, pero podéis completarla haciendo vuestro propio decálogo o mandamiento o añadiendo una línea al de Cela. Los comentarios son vuestros:

I. Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciese o lo que imagina que aconteció.

II. Decir la verdad anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre que la mentira no es noticia y, aunque por tal fuere tomada, no es rentable.

III. Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aun la mera visión especular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo.

IV. Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

V. Ser independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

VI. Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

VII. Funcionar acorde con su empresa -quiere decirse con la línea editorial- ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades; en el supuesto de que la coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí mismo, fingiendo, o a la empresa, mintiendo), ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja de posibles puntos de vista ya están las columnas y los artículos firmados. Y no quisiera seguir adelante -dicho sea al margen de los mandamientos- sin expresar mi dolor por el creciente olvido en el que, salvo excepciones de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual, español y no español.

VIII. Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económicas, sindicales, etc., incluidas las de la propia empresa. (Este mandamiento debe relacionarse y complementarse con el anterior.)

IX. Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo.

X. Huir de la voz propia y escribir siempre con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua.

XI. Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y, manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.

XII. No ensayar la delación, ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Antonio Buero Vallejo cumple cien años


Hoy cumple cien años Antonio Buero Vallejo. Esta tarde ponen una placa en la casa en la que nació que también es la casa de mi amigo Juan Ignacio.
En las calles de Guadalajara se está celebrando su centenario con una campaña que ha llenado la ciudad de citas extraídas de sus obras. Aquí os traigo cuatro que me han gustado especialmente.




La primera me parece muy psicoanalítica y muy veraz a la vez. La segunda es James Rhodes muchas décadas antes. Y las dos últimas tratan el tiempo, el insobornable.
Os propongo jugar con Buero y escribir frases o historias breves que empiecen tomo empiezan estar frases:

En la infancia está todo...
Cuando no me ve nadie...
El tiempo somos nosotros...
¡Es que le tengo miedo al tiempo!

A trabajar.

martes, 13 de septiembre de 2016

Aute

  
Hoy es el cumpleaños de Aute, 73.
Es unos de los artistas que más admiro ahora mismo y el que más admiré durante muchos años. Lo he visto sobre el escenario en múltiples ocasiones, la última en Arriversos, el festival de poesía de Guadalajara hace unos meses. Lo he escuchado hasta el aburrimiento por temporadas y lo he tarareado siempre.
Cuando oí lo del infarto a principios de agosto no pude dejar de imaginarlo fumando, mayor que en la fotografía, pero fumando. Me parece bien elegir la muerte, pero elegir morir antes de la hora no lo termino de entender. Tal vez es simplemente porque no fumo.
Al volver de vacaciones resulta que no se ha recuperado y el hecho de que siga en la UVI no es un factor de buen pronóstico.

El primer disco de Aute que tuve fue éste, y se me ocurren muchas canciones que me resultan imprescindibles y que me sé de pe a pa:


Dentro
Amor te digo esta palabra
De alguna manera
Las cuatro y diez
Anda
En ti ( que empieza: "Y fumo en la noche junto al ruido / de las calles repletas de historia / los párpados, como enfermos...)
Al alba
De paso
A vivir
Queda la música
Aleluya número 1

...y después discos enteros como Alma, Ufff!, Entre amigos, Mano a mano, Auterretratos...

Pero detengámonos hoy sólo en el disco de la imagen, Segundos fuera, y en una de las canciones:



Cuando la muerte ronda la escena uno está más sensible y presta atención a detalles que normalmente pasan desapercibidos. Me acuerdo ahora de la sirena en la que reconocí a Aute en Nueva York. Pero mencionando a la muerte justo ahora, sé de lo que hablo. Hace tres días murió mi abuela y aunque era en muchos aspectos esperado, no deja de ser algo que remueve toda tu existencia.

Supongo que la belleza sólo no basta, pero algo es algo.

¡Por la belleza!

lunes, 29 de agosto de 2016

Walden Pond y los mitómanos



Debe ser una ley no escrita que los referentes culturales no interesen a todo el mundo y mucho menos si son un poco contraculturales, aunque luego las ovejas blancas les hagan estatuas. Y para contracultural, Walden, y sobre todo Walden en la cuna del capitalismo salvaje actual. En realidad, nada amenaza tanto el sistema capitalista norteamericano como Henry David Thoreau, uno de sus hijos predilectos. Que sí, que es el defensor de los derechos civiles y tal, pero es, principalmente un revolucionario que nos dio todas las pistas y hasta el mapa necesarios para romper el sistema y salirnos. A mí siempre me interesó, pero nunca llegué a terminar Walden, aunque sí que me enteré de la historia de la cabaña y de lo que le costó construirla y de cómo la fábricó él mismo y se fue a vivir relativamente alejado de la civiliazación durante más de dos años.

Lo que quería contar en un principio es que eso que os conté de Zweig el otro día de bajarse del coche y en un hotel que está a 10 millas de la Walden Pond preguntar por ella a la recepcionista es arriesgar mucho. Perdone, ¿sabe cómo se va a la Walden Pond? Y claro, ella me dijo que ni se me ocurriera, que se tardaba más de hora y media sin contar con el tráfico...
En realidad eran 15 minutos con tráfico. Pero un problema de ser español, y eso no lo cuentan en españoles por el mundo, es que llegas a los sitios pronto y ya los están cerrando. De hecho muy educademante nos dijeron que ya estaba cerrado... Eso sí, me explicaron que lo acababan de abrir para un discapacitado, pero que cerraban en tres cuartos de hora. Yo le dije que venía desde España para ver la cabaña de Thoreau y el hombre no me pudo decir que no. Bastante discapacidad es ya ser español y amante de Walden. Retiró la valla y nos dijo que hasta las siete y media.

Y allí estaba la réplica de la cabaña construida a un kilómetro del emplazamiento original con mobiliario tampoco original, pero allí estaba.
Los bañistas del sábado por la tarde recogían y pasaban todos de largo excepto los niños que se paraban en la estatua.


Así que, queridos mitómanos, ¿por qué no nos contáis en los comentarios aquella vez que seguísteis los pasos de vuestro escritor admirado?
Ya otro día os cuento lo de la tumba de Walt Whitman o también os hablo más de Thoreau, que he leído las primeras páginas de Walden y me que quedado boquiabierto a pesar de saber que su cabaña de verdad quedaba sólo a media hora de la casa de sus padres y me lo he imaginado con un tupper debajo del brazo.





lunes, 15 de agosto de 2016

America y Walt Whitman


No os confundáis. Si alguien firma W. W. lo primero que pensaréis es en Walter White, pero, cuando pase la fiebre de Breaking Bad, estas iniciales seguirán siendo las de Walt Whitman. Walt Whitman es el padre de muchos poetas posteriores, porque hay caminos que un hombre o una mujer no pueden recorrer solos. Todos necesitamos que alguien nos preceda y abra brecha para poder ponernos detrás y, llegado el momento, atender a nuestro propio paso y abrir nuestro pequeño tramo para los que quieran venir después.

Por ejemplo, Stefan Zweig, la primera vez que visitó los Estados Unidos, después de bajarse del barco y llegar al hotel, preguntó por la tumba de Walt Whitman. Ésa era su prioridad, no preguntó por otra cosa y el recepcionista le dijo que no conocía a ese señor.

La tumba de Whitman está en Camden, al lado de Philadelphia y la diseñó él mismo. Aquí podéis verla.


Y ahora toca parar, eliminar todo ruido que pueda molestarnos y escuchar la única grabación que existe de la voz de Walt Whitman. Son los cuatro primeros versos del poema América. Todavía no miréis debajo. Sólo escuchad esto.

Y ahora escuchadlo con el texto:


America

Centre of equal daughters, equal sons,
All, all alike endear’d, grown, ungrown, young or old,
Strong, ample, fair, enduring, capable, rich,
Perennial with the Earth, with Freedom, Law and Love,
A grand, sane, towering, seated Mother,
Chair’d in the adamant of Time.


Os propongo esta traducción:



América

Lugar de hijas iguales, de hijos iguales,
Todos, todos amados del mismo modo, grandes, pequeños, jóvenes o viejos,
Fuerte, enorme, justa, imperecedera, poderosa, fértil,
Eterna con la Tierra, la Libertad, la Ley y el Amor,
Una Madre majestuosa, prudente, imponente,
sentada en el diamante del Tiempo.


El ejercicio es ir a América a comprobarlo, o si no, escribir un texto que lleve por título "América". Podéis dejar vuestro trabajo en los comentarios.



viernes, 5 de agosto de 2016

Camilo José Cela, el centenario de un escritor


Si no habéis ido a la Biblioteca Nacional a ver la exposición del centenario de Cela, id.

El año anterior a que le concedieran el Nobel a Cela, en mi instituto, con motivo de nuestra graduación, nos regalaron un libro. A unos les tocó Viaje a la Alcarria de Cela y a otros nos tocó Historia de una escalera de Buero Vallejo, que también es el nombre del Instituto. Los libros estaban firmados por los autores. Cuando me enteré de la noticia del Nobel pensé que no había tenido suerte. De hecho, cuando no me tocó yo mismo compré el Viaje a la Alcarria.

No sabía que Cela escribía siempre a mano con una letra muy pequeña y a la vez perfectamente legible, como se puede ver debajo. Este detalle de que toda su obra existiera primero manuscrita dio lugar a la rocambolesca historia del original de La familia de Pascual Duarte que terminó cuando éste regresó a su poder tras ganar el juicio a la Diputación de Cantabria. Lo divertido es que copió la obra "a plana y renglón" y se la regaló al anterior propietario porque, según él, quiso demostrarles que tal como ellos habían sabido perder, él sabía ganar.

Por cierto, que en su segundo viaje a la Alcarria lo acompañó una choferesa negra, Viviana Gordon, que era psiquiatra infantil y lo había dejado por el sufrimiento que le generaba tratar a niños tan enfermos y se había hecho modelo, pero esa historia no la investigo más que me pierdo.

En la exposición hay muchas frases, muchas imágenes y muchos objetos; desde el propio manuscrito de La familia de Pascual Duarte a decenas de botellas dedicadas a Cela por multitud de artistas que van desde Picasso a Henry Miller.

Para esta entrada he seleccionado textos que tienen que ver, como ocurre con la anterior entrada, con el oficio de escritor al que también se refiere Cela en uno de los vídeos de la exposición contando que su vida era muy simple: se levantaba a las seis, escribía hasta la hora de comer, luego se echaba siesta -"el yoga español"- y luego por la tarde seguía escribiendo hasta acabar el día. Tal vez no fuera así todos los días, pero muchos de ellos sí, y por eso abruma la magnitud y también la variedad de su obra.

Aquí van los fragmentos que he recortado para vosotros:
En el primero enuncia la ley del escritor que sólo tiene dos mandamientos: escribir y esperar.
En las dos imágenes siguientes aparecen fragmentos de entrevistas que no tienen desperdicio, por ejemplo cuando responde defendiendo su aislamiento para escribir: "Mira, Umbral, lo que no se puede hacer es pasarse la vida en el café arreglando el mundo".
En la cuarta escribe, después de conocer que van a publicar su primera novela, "Se acabó el divagar".
Y las tres últimas son frases destacadas en la exposición.









El ejercicio de hoy es el mismo de la última entrada del blog: contadnos que os parece todo esto en los comentarios. Ya sabéis, se escribe escribiendo y si no se os ocurre nada, escribid o escuchad a Cela en este vídeo.