sábado, 20 de diciembre de 2008

Una historia de la lectura

En el precioso libro de Alberto Manguel Una historia de la lectura, él mismo cuenta la historia de cómo supo que había aprendido a leer:

A los cuatro años descubrí que podía leer. Ya había visto innumerables veces letras que sabía (porque me lo habían explicado) que eran nombres de las ilustraciones bajo las que estaban colocadas. Me daba cuenta de que el niño (boy, en inglés), dibujado con vigorosos trazos negros y vestido con pantalones cortos de color rojo y con una pelota verde bajo el brazo (la misma tela roja y verde de la que estaban recortadas todas las otras imágenes del libro, perros y gatos y árboles y madres altas y esbeltas) también era, de alguna manera, las negras formas severas situadas debajo, como si hubieran descuartizado su cuerpo para crear tres figuras muy nítidas: un brazo y el torso, b; la cabeza cortada y perfectamente redonda o; las piernas caídas, y. Dibujé ojos en la cara redonda y una sonrisa, y también llené el círculo vacío del torso. Pero había más: yo sabía que esas formas no sólo eran un reflejo del niño, sino que también podían contarme con precisión lo que él estaba haciendo, con los brazos extendidos y las piernas separadas. El niño corre, decían las formas. No estaba saltando, como yo podría haber pensado, ni fingiendo haber quedado congelado de pronto, ni jugando a un juego cuyas reglas y finalidad me eran desconocidas. El niño corre.

Pero aquellas percepciones eran simples actos de magia que perdían parte de su interés porque otra persona los había ejecutado para mí. Otro lector –mi niñera, probablemente– me había explicado esas formas y entonces, cada vez que el libro se abría y me mostraba la imagen de aquel exuberante muchacho, yo sabía cuál era el significado de las formas que había debajo. Era, desde luego, algo placentero, pero con el paso del tiempo dejó de interesarme. Faltaba la sorpresa.

Hasta que un día desde la ventanilla de un coche (ya he olvidado el destino de aquel viaje) vi un cartel a un costado del camino. La visión no pudo haber durado mucho tiempo; tal vez el automóvil se detuvo por un instante, quizá sólo redujo la velocidad lo suficiente para que yo viera, grandes e imponentes, formas similares a las de mi libro, pero formas que no había visto nunca antes. Sin embargo, supe de inmediato lo que eran; las oí dentro de mi cabeza; se metamorfosearon, dejaron de ser líneas negras y espacios blancos para convertirse en una realidad sólida, sonora, cargada de significado. Todo eso lo había hecho yo por mi cuenta. Nadie había realizado para mí ese truco de magia. Las formas y yo estábamos solos, revelándonos mutuamente en un diálogo silencioso y respetuoso. Haber podido transformar unas simples líneas en una realidad viva me había hecho omnipotente. Ya sabía leer.

El ejercicio de esta semana es escribir cada uno nuestra propia historia de la lectura o más bien nuestro pequeño y personal capítulo.


(Con respecto a las sesiones presenciales de este Club de Escritura en la Biblioteca de Guadajalara, las del próximo trimestre serán los sábados 17 de enero, 14 de febrero y 14 de marzo)

domingo, 14 de diciembre de 2008

La receta de la felicidad



Escuchad la receta de la felicidad que aparece en este vídeo de Redes, el programa de Punset (desde el minuto 1:08 al 4:30 -justo antes del vídeo dice Punset: "...la ciencia nos está diciendo que no vale la pena aparcar para después de la muerte la búsqueda de la felicidad...").

Este ejercicio nos lo propuso Carlos ayer en el taller y su enunciado es más o menos éste: vista esta receta perfecta sobre la felicidad, ¿dónde falla?

Animaos y dejad vuestra solución al ejercicio en los comentarios.

Y muchas gracias a Carlos y a todos los del taller. Es un placer trabajar con vosotros.

martes, 9 de diciembre de 2008

Ferdinand Personne

En realidad se llamaba Fernando Pessoa (de este enlace de Wikipedia os recomendaría la nota autobiográfica del propio autor que aparece al final) y ya ha pasado por aquí en septiembre diciendo algo muy agudo en relación con los viajes y con esa manía que todos tenemos de ausentarnos y pisar tierras extrañas.

De sus heterónimos hoy nos quedamos con Ferdinand Personne, uno que no utilizó y que le puso su único amor y su no-novia, Ophélia Queiroz.

“Personne” en francés es “persona”, como “Pessoa” en portugués. Pero “personne” también es "nadie".

Pessoa escribió este texto, seguramente pensando en su Ophélia y en lo que le había escrito y en lo que no:

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera en el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículos).


El ejercicio de hoy consiste en escribir algo tan ridículo como lo que acabáis de leer. Si no se os ocurre nada, empezad así: "todos los x son ridículos, no serían x si no fuesen ridículos" ¿verdad que parece fácil?

El taller de la Biblioteca de Guadalajara será, como dijimos, el próximo sábado 13 a las 11.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Crisis

El tema de la crisis me interesa mucho. Me parece alucinante que unos tipos jueguen con el dinero de todos, se forren hasta lo obsceno y encima vayan de modelo a seguir. Me hace perder la confianza en el género humano que la salida de la crisis sea que el estado (todos) tengamos que tapar los agujeros sin que nada cambie demasiado para que los mismos tiburones de cuello blanco sigan haciendo lo único que saben hacer: parasitarnos a todos. ¿Cómo es posible que todos hayamos comprado casas, acciones y productos de todo tipo por un valor mucho mayor del que realmente tienen? Esto es indignante y habla muy poco a favor de nosotros que seguimos tirando del carro confiando o no en la arbitraria justicia divina.

Pero no os quiero oscurecer la tarde y el ejercicio de hoy no es que escribáis una soflama amargada como la de arriba. Preferiría en cambio que lo que escribiérais se pareciera más a la aguda explicación que da aquí abajo George Parr:




Y bueno, si queréis una explicación más o menos igual de clara, pero en nuestra lengua aquí tenéis a Leopoldo Abadía en el programa de Buenafuente:



Así que nada más, a escribir lo que se os ocurra sobre tema tan jugoso como la crisis.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Concurso de literatura irracional


El Espejo Lúdico organiza un concurso literario, el I Concurso de Literatura Irracional.

El adjetivo irracional no se refiere al contenido sino que se pide que se escriban microrrelatos usando como base las cifras de algunos de los más célebres números irracionales.

En el blog que aparece en la imagen de la derecha encontrarás las bases completas.

En resumen, el microrrelato hay que enviarlo (dentro del cuerpo del correo con el nombre de su autor a la dirección de correo electrónico) a juanroldan@yahoo.es antes del 20 de noviembre de 2008.

Los premios son varios libros que podéis ver en las bases.

Los microrrelatos, escritos en español, tendrán un máximo de veinte palabras y deberán cumplir, como decíamos, el requisito de que el número de letras de cada palabra sea la cifra correspondiente de uno de los números irracionales que se proponen en el concurso, tal y como se muestra en el siguiente ejemplo:

El patrón irracional a utilizar será uno de estos tres (pi, raiz de dos, phi -número áureo):

Pi : 3 1 4 1 5 9 2 6 5 3 5 8 9 7 9 3 2 3 8 4

2 : 1 4 1 4 2 1 3 5 6 2 3 7 3 9 5 4 8 8 1 6

Phi : 1 6 1 8 3 3 9 8 8 7 4 9 8 9 4 8 4 8 2 4

lunes, 10 de noviembre de 2008

5 Palabras 5


El ejercicio de hoy es muy simple. Consiste en elegir 5 palabras/conjuntos de palabras que no os hayáis podido quitar de la cabeza esta semana, ponerlas en columna y dar vuestra definición para cada una de ellas. Un ejemplo podría ser éste:

Turrones: ya están aquí.
Hombre delgado: el que no flaqueará/plagiará jamás.
Boris Vian: "...me llamo Manuel, todos me dicen Bob..."
Números rojos: en Ibercaja, joder.
Vacaciones: hoy no voy a ir a trabajar. Soy libre de estar aquí escribiendo esto.

Ánimo con el ejercicio y nos vemos los que queráis en la Biblioteca el sábado 15 a las 11.

martes, 4 de noviembre de 2008

Soy el hombre delgado...


Hoy la cosa va de hombres delgados. Me gustaría que viéseis este vídeo colgado por un fan de Bunbury y anotáseis las frases que más os gustan:



Bueno, y ahora vamos a comprobar cuáles son de Bunbury y cuáles no:



Sorprendente ¿no?

Más información acerca del plagio en El País

Y por si fuera poco, hay otro cantautor-artista que también ha adoptado la personalidad de "el hombre delgado", pero esta vez citando al autor original:



Como podéis imaginar, el ejercicio de hoy es escribir un texto que lleve por título "Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás"

Por cierto, que la frase original es del malogrado Pedro Casariego y aparece como firma suya en un poema, el que podéis ver arriba y que merece la pena ampliar.